13 Mar 2009 - 22:47:39
Me morí en mi propia tumba
En el techo de la casa todavía se podía observar la mancha de sangre que se formó el día en que Pedro Gutiérrez se resbaló entre las tejas y se golpeó la cabeza de una manera letal. Ni las fuertes borrascas habían podido borrar aquella mancha que le había quitado la sonrisa a María Peña, la viuda que desde entonces se convirtió en la mujer más sola y desdichada del pueblo. Aun es fácil escuchar los sollozos de su esposa llamándolo desde el banquito de madera en donde día a día se sentaba a ver televisión.En el pueblo el asombro general duró por varias semanas pues no se explicaban cómo fue que un hombre con tanta experiencia, que había pasado toda una vida caminando entre los tejares, de la manera más inexplicable, en el mejor de los días de verano se había matado cuando nadie se lo esperaba. El funeral fue el más concurrido en mucho tiempo no porque el hombre tuviera muchos amigos si no porque a la gente del pueblo le era difícil dejar pasar un chisme sin modificarlo. De boca en boca se pasó la noticia hasta que hubo de convertirse en un drama para el pobre Pedrito, al que supuestamente la mujer empujó por un tejado y después quiso esconder el cadáver pero no lo logró por lo que tuvo que inventarse lo del resbalón, todo para que no se diera cuenta de su infidelidad… La verdad es que la realmente pobre María Peña no hizo más que guardarle fidelidad a su marido pues a nadie amaba como a él Pero desde que los chismes se regaron fue considerada como una asesina y farisea.Un día lluvioso, oscuro y nublado, María Peña, se dirigió al camposanto a visitar el recuerdo de su esposo. Caminó abriéndose paso entre la maleza, pasó por los mausoleos de los ricos, los obeliscos de los santos, percibió el repugnante olor de los cuerpos en descomposición que expelían la tumbas rotas de los pobres, se sobresaltó al ver la hoz de la calavera de roca que cuidaba la puerta de arco en el sitio donde comunmente enterraban a los sicarios o a las personas duras de corazón. Llegó a la tumba, puso las margaritas que había comprado en la entrada a una pobre mujer sobre la lápida, sacó su rosario y haciéndose la señal de la cruz, comenzó a rezar con tal fervor que en el cementerio las ánimas se sentían alagadas. Después de un buen rato de padres nuestros y aves marías, recordó sus años de la infancia, cuando se sentaba bajo el manzano del patio de su casa a imaginar historias de amor donde ella era la protagonista. Siempre había sido una mujer soñadora, siempre a su vida le combinaba fantasía y desde que enviudó nostalgia. Cuando se dio cuenta de que el frio la estaba venciendo y que el chal de lana no era ya suficiente para protegerse, pensó en regresar a su casa, pero recordó que debía visitar la tumba de su tía, la que la crio, pues sus padres la abandonaron cuando todavía era una bebé; pero también se acordó de todo lo que su tía la había hecho trabajar para ayudar con los gastos de la casa, pero de todas formas tenía que deshacerse del otro ramo de margaritas. Se disponía a partir hasta la otra tumba cuando sintió que una mano fría y huesuda la tocaba por la espalda. Sintió miedo, curiosidad y algo de desesperación. No quiso mirar hacia atrás pues esperaba encontrarse con el cuerpo de su esposo carcomido por los gusanos, con el traje blanco, el corbatín rosa y los zapatos negros con que lo habían enterrado aquel 13 de Noviembre, se imaginaba un cráneo hundido en la parte derecha por el golpe, ya esperaba escuchar la gruesa voz de su esposo agradeciéndole por no haber permitido que le realizaran la necropsia.Le sudaban las manos, sentía mariposas en el estómago y entonces se dejó llevar por los impulsos y miró hacia atrás. Pegó entonces un desgarrador grito que asustó a los vecinos del cementerio, un grito que salió de lo más adentro de María Peña, pues vio la cara pálida, sucia y hambrienta de un mendigo que le suplicaba limosna. Salió a correr y subió al carro, las margaritas habían quedado destruidas, miró a través de los espejos pero no vio a nadie, se disponía a arrancar cuando un sujeto parecido al mendigo se le acercaba, no dudo y salió despavorida con su carro. Al llegar a un semáforo vió en la cara de un miembro de una familia desplazada la cara de su esposo.Al día siguiente volvió al cementerio y entonces pudo leer en la lápida donde estaba enterrado su esposo su propio nombre, se asustó, pero mas fue su espanto cuando vio a su esposo trayéndole flores a la tumba, la pobre se murió del susto y su cuerpo se desapareció en una ráfaga de viento que atravesó el cementerio ….. Ahora los chismes que rondan por las calles del pueblo es que María Peña se voló con su amante. ¡Qué hacer con esta gente!
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Comentarios
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te felicito muchisimo por tu cuento esta espectacular.
Que bueno q tengas una imaginacion tan prodigiosa y que la uses para cosas tan lindas como son los cuentos , la fantasia y q hagas volar tu imaginacion.
Espero y estoy segura q te va ir muy bien con tu pagina y q tienes un gran futuro como escritor, artista y muchas cosas mas.
Ami tambien me gustaria ser artista pero no se como sabes?
gracias por el mail q me mandaste seguro q asi sera.
maria isa vidal c.