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20 Mar 2009 - 23:47:15
Bienvenido


Nada era normal para él. En especial ese día no era normal. La mañana estaba fría, recién salía el sol, la luz era tenue y coronaba las copas de los árboles más altos. Se escuchaban algunos de los trinares de las aves, otras todavía dormían.



Su nombre era Samuel, vivía en un mundo normal (para él). En realidad era aburrido, monótono, un mundo gris. No era más que un pobre hombre que vivía solitario, odiaba al mundo entero  y maldecía cada vez que el sol salía. Con frecuencia hablaba solo, pues no tenía ningún amigo, era demasiado arrogante para tenerlos. Trabajaba, eso para el significaba mucho: “no a los descansos, no al fin de semana, no a las distracciones como la familia los tontos amigos y sobre todo NO AL AMOR” “¿para que descansar? Trabajando produzco mas dinero del que tengo” En realidad tenía mucho, pero no lo suficiente para el, siempre deseaba mas pues ser pobre no era normal para él.



Habían pasado ya dos horas desde que se levantó, eran ya las ocho y lo único normal de este día era el tráfico ¡Cuánto tiempo le hace perder esto a Samuel!  Calles inundadas de carros, todo ese humo mareaba, eso le disgustaba.



Ya ni el cielo estaba normal, tenía un tono gris, o negro, estaba nublado y aquellas nubes tapaban el sol. Después de el interminable trancón Samuel por fin llego  a su oficina donde nada era normal, los empleados se veían agotados, alterados, desesperados, claro pues el jefe los hace madrugar a las cinco de la mañana para poder “trabajar con eficacia”  Después de una minuciosa inspección de asistencia Samuel llego a su oficina, un sitio oscuro, pues allí no había lámparas, solo, cuando había sol entraban dos rayitos que se filtraban por la persiana; el resto de la oficina era hermoso, los muebles eran modernos y elegantes, la oficina de Samuel era normal. Trabajaba en su mesa con demasiada dedicación, nada lo distraía, y solo se levantaba cuando necesitaba sacar un libro del estante que su chocaba con el techo, estaba muy alejado de su mesa y por eso tenía que caminar para llegar hasta donde estaba, ¡que aburrido es caminar para Samuel! Para él no es algo normal.



La empresa donde trabajaba Samuel la crearon hace unas cuantas décadas sus abuelos paternos, unos distinguidos señores que siempre conservaron su sencillez. Allí se  realizan todo tipo de construcciones tanto en el campo como en la ciudad, desde pequeñas casas en medio de una granja hasta inmensos rascacielos en todo el centro de la ciudad. Cuando los abuelos de Samuel murieron, la empresa fue administrada por su padre, que también era bastante sencillo pues vivió su infancia en el campo, cuando nadie  se lo esperaba el padre de Samuel murió en un accidente de tránsito. Así la empresa había pasado de mano en mano y ahora pertenecía a Samuel, quien la había dejado entre las mejores del país. Era todo un profesional haciendo su trabajo, pero no tenía una vida personal, nunca se había sentido atraído por una mujer, ni había sentido aunque sea un poquito de afecto por un amigo, no podía vivir sin los negocios y el dinero.



Desde hace algunos meses la empresa había sido contratada para construir una mansión en una finca. El palacete tenía una gran complejidad pues el diseño arquitectónico había sido uno de los más grandes retos de la empresa. A Samuel le encantaba este proyecto pues además de atraer clientes y prestigio proporcionaba bastante dinero, así que el mismo se estaba encargando de todo lo referente a la obra. Los dueños de la nueva casa eran  gentes muy acaudaladas, eso también le interesaba a Samuel pues ellos podrían invertir en un futuro que esperaba no fuera muy lejano pues el no tenia descendencia y como odiaba a los niños no pensaba en tenerla por ahora, tal vez cuando ya estuviera más viejo tendría uno para que la empresa siguiera perteneciendo a la familia, pero no sabía quién sería la persona con que tendría ese niño.



 A Samuel le encantaba estar encerrado entre cuatro paredes por lo que se encargaba del  trabajo de oficina, pero esta vez había dejado asombrados a todos los que trabajaban con él al encargarse de un trabajo en el campo, que era un lugar totalmente detestable para él.



Hizo falta un año para que el palacete estuviera terminado. Durante este tiempo Samuel no visito el campo ni una sola vez, siempre delegaba a otros haciendo que todos siguieran pensando lo mismo de él.



Aunque muchas cosas de este día eran anormales, lo más impactante fue la inesperada llegada de una carta dirigida a Samuel donde lo invitaban a participar de la inauguración de la casa. Duran te una o más horas había estado pensando cómo evitar la invitación pues el lugar de la fiesta era en el campo, ese lugar tan lleno de insectos y suciedades, ere imposible que Samuel visitara algo así…



El carro iba  a una alta velocidad. Samuel no estaba muy feliz pero se había dado cuenta de que el viento le agradaba. La invitación había sido inevitable así que se dirigía hacia la granja donde estaba el palacete, solo esperaba que los invitados ni intentaran hablarle, pues no tenía ganas de hacer nuevos amigos.



Apenas llego al campo percibió el agradable, (repulsivo para él) aroma de las flores y los árboles que se extendían en el inmenso bosque que rodeaba la granja. La casa estaba ahí, en medio de gigantescos jardines, que tenían en el centro una hermosa fuente hecha en piedra de cantera. Después de atravesar un caminito que hacia parecer los jardines como un verdadero laberinto; llegó hasta la entrada principal de la casa, donde lo esperaba un mesero que lo condujo hasta el lugar de la recepción. Allí todos estaban sentados en mesas adornadas de la manera más elegante, con flores rojas y  velas rosadas, adornados a su vez por hermosos moños purpura. Llego hasta la mesa donde se sentaban los anfitriones y otras personas “importantes”



Sabia que no iba a estar mucho tiempo, así que mientras permaneciera en la cas, debía hacer de cuenta que disfrutaba de la inauguración. Lo primero que hicieron los dueños de casa, fue llevar a los invitados a recorrer la casa y la granja en general.



Comenzaron por los jardines, continuaron con la sala y demás habitaciones de la mansión, hasta llegar a los establos. Ese  era un lugar donde Samuel nunca se hubiera imaginado, pues además de odiar a los caballos, no soportaba el olor y era alérgico al heno. Los caballos que estaban ahí eran de color blanco como la nieve, negro como la noche, café como la tierra y gris como el mundo de Samuel. Estaban todos muy bien tenidos, limpios y unos cuantos aún eran pequeños potros.



Los demás se comenzaron a retirarse del lugar pero Samuel todavía contemplaba con ojos tristes los caballos que parecían tan felices en sus establos, rozaban los cuellos unos con otros y corrían por el pequeño espacio que tenían. Estaba estático, no se movía, pensaba, se veía agotado pero a la vez relajado.



Pensaba en lo que era, si realmente tenia sentimientos, ahora que lo pensaba nunca había estado alegre; le conmovían esos caballos pues a pesar de tener un espacio tan reducido y de tener que trabajar tan duro, parecían felices al estar al lado de los otros caballos, él realmente no tenia a nadie por quien estar feliz, en  su vida no había tenido muchas personas a quien querer, su padre, el hombre a quien tanto había amado, ya no estaba con él, ¿Por qué la vida seria tan injusta? ¿Acaso no era una persona totalmente normal? Pues eso hasta él lo estaba dudando en estos momentos. Tenia que demostrarse a si mismo que si podía estar contento.



Como el viento corrió hasta un establo donde no había caballos, en un acto que no era nada normal para él se tiro al heno, la sensación era… agradable, que bien se sentía estar en libertad, liberarse de todo ese estrés que lo asediaba, liberarse de los prejuicios y vivir así, como una persona normal. En ese momento ocurrió algo que inevitablemente debía suceder, algo que surgió de lo más adentro de Samuel, algo que lo lleno por completo, que hizo brillar su cara, el hombre aburrido y gris de la oficina donde no entraba el sol dejo escapar una sonrisa y después otra y otra hasta que comenzó a reír como la persona normal que en realidad era. Cogía el heno y se lo pasaba por el cuerpo, se  había dado cuenta que su alergia no era mas que un miedo, una frustración. En ese momento miró a un caballo que lo miraba como si estuviera sorprendido, sintió que ese caballo de cara extraña le decía, bienvenido al mundo de la felicidad, bienvenido al mundo de la gente normal.



Había oscurecido y Samuel todavía seguía jugando con la paja que odiaba tanto, entonces ocurrió lo que se esperaba que sucediera, los invitados de la fiesta buscaba por todos lados a Samuel que “se había perdido en medio de la inmensidad de la granja” y por fin lo encontraron tirado en el heno, ellos que a lo mejor no conocen lo que es estar felices, pensaban que por la desesperación de estar perdido se había enloquecido, lo recogieron y lo llevaron a la mansión.



Una vez salió del trance en el que estaba, todos le preguntaron que era lo que había sucedido, él les contó todo y ellos con expresión de desagrado le dijeron: -bienvenido de nuevo a tu mundo, el mundo de los cuerdos.



Salía de la fiesta un poco apenado por el incidente, los anfitriones se le acercaron y le dijeron   -¿ves lo divertido que es el campo?



El no respondió. Sabía que el caballo le había dado la bienvenida al mundo normal y estaría dichoso en ser bienvenido en un mundo tan feliz como este.



Que el final de la historia de Samuel lo imagine cada uno, puede que cumpla con lo dicho y que sea feliz, o que siga sumido en su mundo gris, pueda que lo secuestren los extraterrestres, o que le caiga un meteorito encima, puede que pasen muchas cosas, ahora depende solo de tu imaginación


 

Admin · 24 vistas · 2 comentarios

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Comentarios

Comentario de : Liliana y Edward [ Visitante ]
Julian
Tus escritos están llenos de imaginación, describes en tu cuento a un hombre de los muchos que hay, quienes no saben lo que realmente es poder gozar de la naturaleza y de la libertad que se nos ha dado.
Estoy segura que muchos de los que lean tu escrito, aprenderan que están dejando pasar muchas cosas lindas del diario vivir por pensar en el dinero.

Sigue adelante con todos tus escritos, tienes una mente prodigiosa.
Te queremos mucho
Liliana y Edward
   25/03/2009 @ 00:54:17
Comentario de : maria isa [ Miembro ]
que cuento mas lindo juli
q imaginacion
como nos has hecho volar
felicidades

maria isa y lucy
   21/03/2009 @ 04:05:05

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